Fanfic: Behind the bars (Super M) Capítulo 7

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Fanfic: Behind the bars (Super M) Capítulo 7

Autora: YASSGY0MIE

Fanfic: Behind the bars (Super M) Prologo

LUCAS P.O.V

El cuerpo desnudo de Momo descansaba sobre el mío, ambos tapados con las sábanas de su cama, yo solo quería tabaco y había acabado con un polvo, no podía quejarme, era una buena manera de desconectar.

-¿Qué hora es? – pregunté apartándola y sentándome en la cama con los pies en el suelo.

-Deben ser pasadas las cuatro – dijo ella tapándose mejor con las sábanas.

Yo me puse los pantalones y me levanté, aunque quería desconectar se me estaba haciendo difícil, mi hermano no contestaba al teléfono desde la última vez que lo llamé desde el móvil de BaekHyun y no averiguábamos porque JungKook y NaYeon querían matar al hombre que nos iba a sacar de ahí, algo tenía muy claro y era que TaeMin no podía morir.

Mientras ella se ponía los pantalones y el sujetador, yo me acerqué a la pequeña ventana de su celda, del tamaño de dos manos y a la altura de mi cabeza. La mayoría de presos estaban allí, TaeMin estaba sentado con todos alrededor de la mesa, Ten seguía trabajando en las cámaras con su ordenador y entre ellos también estaba BaekHyun, que había cambiado su pelo naranja por el rosa.

-Momo – la nombré si dejar de mirar por la ventana – ¿quién es Christian Grey?

-¿Cómo? – ella rió por mi pregunta mientras me miraba sentada en la cama y atándose el cordón de los pantalones – ¿quién te llama Christian Grey? –

-Ellos – contesté queriendo generalizar y no solo centrarme en BaekHyun, que enrealidad era el único que me lo llamaba.

-Pues es un personaje de un libro erótico, principalmente – suspiró metiendo la mano bajo su cama – es como un dios del sexo, o algo así.

Sacó un libro y se levantó para dejarlo sobre la mesa, yo lo miré y se titulaba “50 sombras de Grey”, que BaekHyun me relacionase con un dios del sexo de un libro erótico no sabía cómo tomármelo.

Volví a mirar por la ventanita y los brazos de Momo se enredaron en mi cintura y apoyó la mejilla en mi espalda.

-Hoy estás apagado – me acarició el abdomen con su pulgar.

-Tengo otras cosas en la cabeza – murmuré – y tú muy cariñosa, ¿no crees?

-Ya sabes que me gustas – dejó un beso en la espalda y yo suspiré – tranquilo, sé que no solo tienes ojos para mí ahora mismo.

-¿Tú que sabrás?

-No los tienes – me aseguró – y no me importa, o almenos de momento – se encogió de hombros y yo cogí sus manos para que desenredase sus brazos de mi cintura.

-Tengo que irme, tengo cosas que hacer – cogí mi camiseta del suelo y me la puse.

-Sí, yo también – dijo ella colocándose bien el flequillo que le caía por la frente.

-Suerte contra SooJin – cogí el libro de encima de la mesa – me lo llevo, después te lo devuelvo.

-Vale – asintió con la cabeza y yo abandoné la celda.

Yo caminé hacia el patio con la intención de encontrar a BaekHyun, en los últimos días no nos habíamos dirigido mucho la palabra, tal vez yo estaba un poco resentido porque nunca me decía quién mierdas era Christian Grey.

Cuando llegué a la mesa dónde todos reían por algo que desconocía, busqué al chico de pelo rosa, pero no estaba entre ellos.

-¿BaekHyun? ¿Dónde está? – les pregunté a todos.

-En la biblioteca – contestó Kai a mi lado y mirando el libro que tenía entre las manos – ¿vas a leérselo?

-Que gracioso – sonreí con ironía.

-Si vas a verlo, dile que he conseguido averiguar lo que me pidió – dijo Ten cerrando la pantalla de su portátil.

-¿Qué te pidió? – fruncí el ceño con curiosidad.

-Él sabrá a lo que me refiero – se metió un chicle en la boca y asentí con la cabeza.

Yo me alejé de ellos y caminé hacia la biblioteca, estaba en la otra punta del centro, en el lugar más silencioso y no sé porque teníamos una, muy poca gente iba. Cuando llegué solo vi a YoonGi en una mesa solo, a JungKook en otra, con NaYeon encima, los dos riendo y mirando el mismo libro, y a BaekHyun en la que quedaba, de espaldas a la puerta.

Caminé hacia él con decisión, dejé el libro sobre su mesa y me senté en la silla de al lado, con el respaldo entre mis piernas.

-Espero que te estés leyendo el segundo – bromeé cruzándome de brazos sobre el respaldo de plástico duro.

-Mejor aún – sonrió mirando el libro – me he acabado la saga – me miró con una sonrisa en sus labios – ¿sorprendido?

-No, la verdad es que no – sonreí un poco y apoyé la barbilla en mis brazos – me sorprende más que me apodes como el protagonista del libro erótico, ¿tú qué sabrás de lo que es el sexo conmigo?

-Me guío por sensaciones – hojeó el libro de que me había dado Momo.

-¿Y no será por qué tienes la esperanza de probarme algún día? – lo reté con jugueteo y él rió con ironía.

-¿Y no será que la tienes tú? – se lamió los labios con lentitud y después mordió su labio inferior sin dejar de mirar el libro.

-Si la tuviese no estaríamos hablando de sexo, estaría empotrándote contra la puerta de mi celda – le aseguré sin apartar la mirada de él.

-Ya, pero si alguna vez, por muy remota que sea, tú y yo follamos, no sé porqué te piensas que sería yo el pasivo – me miró de reojo y sonreí – pero no voy a empezar una discusión contigo sobre el sexo, porque tú y yo no follamos, dejamos las discusiones para cuando lo hagamos.

Fui a contestar pero la risa de NaYeon sonó más fuerte de lo normal y ambos nos giramos a mirarlos a los dos, verlos me recordó a que también quería ver a BaekHyun para pedirle un favor, como profesional, porque de entre todos nosotros, él y TaeYong eran los más profesionales.

-A parte de para hablar de sexo, quería proponerte algo – dije volviéndolo a mirar.

-¿Sexo? – bromeó y reí.

-No – negué con la cabeza – he pensado algo pero prefiero no hacerlo solo.

-¿En qué puedo ayudarte? – cerró el libro y apoyó su cabeza en su mano para mirarme.

-En registrar las cosas de JungKook e intentar averiguar algo más sobre lo que se trae con NaYeon en contra de TaeMin.

-Ya lo sabemos, se lo quiere cargar – se encogió de hombros.

-Ya, pero, ¿por qué? Si averiguamos el porqué sabremos cómo protegerlo, o por dónde tirar.

-Creía que odiabas a TaeMin – frunció el ceño.

-Yo nunca he dicho eso, he dicho que no me fío de él – lo corregí – pero lo necesito para salir de aquí y si lo matan, tú estarás al mando y paso.

-Ya, seguro que es porque yo tendría el mando – rodó los ojos y miró a JungKook – ¿me propones que entremos en la celda de JungKook y le registremos las cosas?

-Sí, más o menos – ladeé la cabeza y él se acarició la barbilla con elegancia.

-Vale – suspiró – espérate diez minutos a que se vayan, siempre follan en mi celda, nosotros entraremos entonces en la de JungKook.

Yo asentí y me quedé con él a esperar a que ellos se marchasen, durante ese tiempo estuve empezándome el libro de 50 sombras de Grey, hacía tanto que no leía un libro, desde el colegio a los diez años, que me estaba costando entenderlo pero parecía un buen libro y en el fondo me daba mucha curiosidad.

Esperamos un par de minutos después de que se fuesen y luego nos metimos en la celda vacía de JungKook, estaba todo muy ordenado, demasiado para mi teniendo en cuenta lo desordenado que era.

Entre BaekHyun y yo bajamos la sábana blanca de la celda para que nadie entrase y después empezamos a buscar en absoluto silencio entre sus cosas.

-Lucas – BaekHyun susurró a mi espalda y cuando me giré él me miraba con un vibrador en la mano y riendo – es Christian Grey dos.

-Aquí solo hay un Christian Grey, no intentes engañarte – bromeé yo – guarda eso – reí un poco y volví a darme la vuelta.

Levanté el colchón para mirar debajo y aparté un poco la sábana.

-Cabrón – susurré mirando el agujero que había en el colchón – BaekHyun – agarré su brazo para que se pusiese a mi lado y saqué de dentro del agujero del colchón una cajita negra, lo coloqué bien y la puse encima, ambos nos arrodillamos frente a la cama y la cajita, mirándola con curiosidad.

-Ábrela – me animó él.

Yo asentí y abrí la caja negra, creo que me esperaba cualquier cosa, menos que hubiesen ocho cápsulas del tamaño de cuatro dedos, de cristal y con un líquido amarillo dentro.

-¿Qué cojones? – preguntó BaekHyun cogiendo una de esas cápsulas.

-¿El tío mea aquí? – pregunté yo frunciendo el ceño.

-No creo, imbécil – murmuró – parece algo como un medicamento, ¿no?

-Si tu lo dices… – me encogí de hombros – ¿se lo llevamos a TaeMin?

-Sí – asintió con la cabeza – él sabrá lo que es – se lo guardó en el bolsillo – pero tendremos que devolverlo antes de que JungKook se dé cuenta.

Asentí y cerré la cajita, dejándola dentro el agujero en el lateral del colchón y dejándolo todo como estaba para que no sospechase nada.

TEN P.O.V

Estaba solo en mi celda, acabando de hackear las cámaras, ya estaba apunto, ya me faltaba muy poco, un par de portales informáticos de más y tendríamos lo que necesitábamos para avanzar.

-Hola – la voz de BaekHyun sonó detrás de mí, en la puerta de mi celda – ¿cómo vas? – tocó mi nuca y se sentó a mi lado.

-Bien, ya acabo, un par de minutos – le informé mirando la lata de refresco que me había traído – gracias.

-Lucas me ha dicho que lo tienes – puso los pies sobre la mesa y yo abrí la lata.

-Sí, Jackson está en Rumanía – le di un papel con la dirección exacta de dónde se encontraba el hombre por el que se jugaba la vida.

-Gracias – sonrió un poco guardándose el papel y yo volví la vista a mi ordenador.

Él se quedó en silencio a mi lado, bebiendo de su lata y balanceándose en la silla, esperando a que yo acabase y los demás viniesen. El silencio con BaekHyun no era para nada incómodo, al revés, podía ser hasta agradable.

-Hola – TaeYong fue el siguiente en entrar y apoyó las manos en los hombros de BaekHyun.

Todos los demás vinieron en los siguientes minutos, justos para cuando yo pude acceder a las cámaras de la torre de control, Mark bajó la sábana de la celda para nuestra privacidad. La torre en total tenía cinco cámaras, que partían la pantalla en cinco trozos, mientras ellos observaban y analizaban las imágenes de los guardas, yo intenté ponerle volumen a lo que veíamos.

-Son ocho en la torre – dijo Kai – y solo uno es francotirador, que tranquilidad.

-Sí, pero no por eso será más fácil que salgamos – dijo Mark cruzándose de brazos detrás de mí.

-Que solo haya un hombre apuntándonos – suspiró TaeMin – quiere decir que hay algo más que nos vigila, que nos mantiene aquí dentro, algo que les da esa tranquilidad.

-¿Más cámaras? – Lucas frunció el ceño – las vallas no están electrificadas.

-La parte de abajo no, tal vez la de arriba sí – TaeYong frunció los hombros y yo miré a TaeMin esperando a que hablase.

-Es algo más, deben tener algún otro sistema de seguridad – apoyó las manos en la mesa y agachó la cabeza para pensar – ¿puedes hacer que esas imágenes las tengamos en los dos móviles que tenemos? – me miró y asentí con la cabeza – vale, ellos solos se acabarán delatando, no podemos fiarnos de ellos, esperaremos a que se delaten – todos asentimos – mientras, estoy investigando algo del túnel, tal vez podamos salir por ahí.

-Creía que nos sacarías por la puerta grande – dije yo alzando la cabeza para mirarlo.

-Da igual la puerta por la que salgas, lo que importa es que te vas a reír de su seguridad de mierda y de que somos infinidad de veces más inteligentes que ellos – sonrió ampliamente – esta noche bajaré al túnel, estoy tratando de memorizar el circuito de las tuberías, mañana por la mañana necesitaré que bajéis conmigo.

-Eso está hecho – Kai jugó con el chicle que masticaba.

-Vale – BaekHyun suspiró – Lucas y yo hemos encontrado esto registrando entre las cosas de JungKook – se sacó una cápsula de cristal del bolsillo con un líquido amarillo dentro y lo dejó sobre la mesa – TaeMin, ¿te suena de algo?

-Sí – asintió con la cabeza y con su característica sonrisa.

-¿Qué es? – preguntó Mark.

-Uno de mis experimentos – suspiró TaeMin cogiendo la cápsula y mirándola con admiración, a mí se me puso la piel de gallina – ¿quiere matarme con mi propia invención? Que cobarde – rió un poco.

-Hay más, siete más – le dijo Lucas y TaeMin movió la capsula – ¿qué coño es?

-Un experimento – repitió – extraje el veneno de los mosquitos transmisores del Dengue y lo mezclé con el tifus negro, una enfermedad transmitida por roedores, con una pequeña dosis de tramadol, un analgésico que ralentiza la muerte de quien se inyecte la dosis – nos explicó con tranquilidad.

-¿Qué cojones? – preguntó TaeYong.

-Dime que no inyectaste eso a nadie – suplicó Mark.

-Te mentiría si te lo dijese, lo inyecté a más de veinte personas, todas murieron en cuestión de dos meses – le devolvió la dosis a BaekHyun, todos lo mirábamos entre con admiración y miedo.

-Mataste a veinte personas con un virus mortal que tú mismo creaste – dijo Lucas, él con admiración en su mirada, de psicópata a psicópata, ya parecía gustarle un poco más – ¿hiciste la cura?

-Claro – sonrió – pero está en mi laboratorio.

-¿Y por qué JungKook y NaYeon tienen tus dosis? – pregunté cruzándome de brazos.

-Porque un día yo transportaba ocho dosis, tuve un accidente de coche que supongo que lo provocaron ellos y me lo robaron, es lo único que se me ocurre – se encogió de hombros – lo que no sé es porque lo tienen aquí, supongo que se quieren cargar a alguien.

-Tal vez infectaste a alguien importante para ellos, algún amigo o familiar – opinó BaekHyun.

-¿Infectaste a niños? – preguntó Mark.

-Claro – asintió con la cabeza y me froté la cara con las manos, nunca te podías dar cuenta de lo loco y enfermo que estaba TaeMin hasta que no te aseguraba con sus palabras que usaba a la gente para hacer experimentos humanos.

-Joder, TaeMin – suspiró TaeYong agachando la cabeza.

-¿Por qué coño os creéis que estoy aquí? No soy ningún santo – se puso recto y todos lo miramos serio – supongo que me acabaré enterando qué quieren de mí, me cogerán y me torturarán un ratito – suspiró.

-¿Y si cambiamos esas dosis por otras falsas? – propuso Kai – así no corremos el riesgo de que nos las inyecten, sobretodo a ti – lo miró y TaeMin asintió una vez con la cabeza.

-Chittaphon – mi nombre sonó por todo el recinto, cortando nuestra conversación – acuda a la puerta principal, repito, a la puerta principal.

Yo fruncí el ceño y miré la pantalla del ordenador, todo seguía en orden, con los ocho guardas en la torre. Ellos me miraron confundidos y yo suspiré.

-No vayas solo – dijo BaekHyun mirándome serio.

-Iré yo contigo – se ofreció TaeMin – vamos – me hizo un gesto con la cabeza para que me levantase.

Me puse en pie y ambos fuimos juntos hacia el patio, vi a lo lejos a un guarda armado, detrás de la verja, y como los demás presos, que habían oído que me reclamaban, esperaban a que me acercase.

-Quédate aquí – puse una mano en el pecho de TaeMin cuando estuvimos a un par de metros del guarda y él paró y asintió con la cabeza.

Yo seguí caminando hacia ese carcelero.

-Tienes una carta de tu abogado – la dobló y la pasó entre las barras metálicas – suerte, la necesitarás – sonrió con malicia y se dio la vuelta para irse.

Yo miré la carta que tenía entre mis manos y me alejé de la verja para sentarme en nuestra mesa de siempre, TaeMin se sentó a mi lado y se llevó un cigarro a los labios.

Yo abrí la carta y la leí, en ella me explicaba lo del juicio que se celebraría en un par de semanas para mi custodia, me decía que iba a ser completamente inevitable la pena de muerte, que iban a ir a por mí a saco y que quería reunirse conmigo antes del juicio.

-¿Es lo de tu tribunal? – preguntó TaeMin poniéndome la boquilla del cigarro en los labios, yo la atrapé entre ellos, rozándolos con sus dedos, y le di una extensa calada.

-Sí – murmuré guardándola en el sobre.

-¿Cuándo es?

-En dos semanas – miré al cielo, menudo día de mierda.

-¿Cuánto tardarán en enviarte a la silla eléctrica?

-Entre dos y tres – bajé de la mesa – y la fuga está planeada para dentro de cuatro meses, han avanzado el juicio – me toqué el pelo con desesperación.

-Saldrás de aquí, Ten – me aseguró él – te prometí que te sacaría de aquí – expulsó el humo por su boca – soy un cabrón, pero nunca he incumplido una promesa.

-Es imposible que salgamos de aquí tan pronto – me coloqué frente a él.

-Ni se te ocurra retar a un psicópata, Ten – se puso de pie y nuestros cuerpos chocaron, me sentí intimidado por su tacto y noté en sus ojos cómo él se sentía superior – vamos, tenemos cosas que hacer – se separó sin apartar la mirada de mi y tuve que ser yo quién lo hiciese y quién comenzase a andar hacia la celda de nuevo.

KAI P.O.V

Me acababa de duchar después de cenar, estaba en el vestuario solo con los pantalones puestos y con BaekHyun frente a mí y el bote de pomada en la mano, observándome la herida que me cruzaba el torso, que ya empezaba a cicatrizar.

Él, como cada noche uno de ellos pero normalmente era BaekHyun, empezó a echarme la pomada para evitar las infecciones y su rápida cicatrización.

-Estoy hasta los cojones de echarte la crema, parezco tu madre – se quejó esparciéndola por la parte de la cintura.

-Estás todo el puto día quejándote, contra más lo hagas, más tardas en acabar – dije yo de un suspiro y sonriendo, su paciencia era mínima pero en el fondo era un buen tío, a pesar de ser un asesino.

-Kai – Jennie se colocó a mi lado y la miré, parecía muy seria.

-Me vas de puta madre, princesa – BaekHyun le puso la pomada en la palma de la mano – te toca cuidar del exnovio – le guiñó un ojo y después se colgó la toalla en el cuello para irse.

Yo miré a Jennie esperando a que hablase, estábamos solos así que no había ningún problema por hacerlo con tranquilidad.

-Antes de cenar me ha llegado un sobre – dijo sentándose en el extenso banco para acabar de esparcir la crema por mi cuerpo – es anónimo.

-¿Y qué? – pregunté colocándome la camiseta cuando ella acabó.

-Que dentro había un diamante de los nuestros machacado, era polvo – se puso en pie para acercarse un poco más a mi altura – alguien sabe dónde está.

-No – negué con la cabeza – tranquila – cogí sus hombros y los masajeé un poco – está todo bien, tú deja que haga una llamada.

-¿Qué está pasando? – me miró con preocupación.

-¿Recuerdas que te dije que lo dejases en mis manos? Pues está todo bien, ¿dónde está el sobre?

-Toma – se lo sacó del bolsillo de la sudadera y lo metió en el mío del pantalón.

-Vete a dormir, haré la llamada, mañana hablamos – besé su frente y ella suspiró no muy convencida.

Cuando salimos del vestuario, ella se fue a su celda y yo le pedí el teléfono a TaeYong, que me lo dio sin titubear ni vacilar, solo pidiéndome que cuando acabase se lo pusiese a cargar, ser su amigo me estaba saliendo muy rentable.

Después salí al patio, estaba solo y también lo agradecí, porque era una llamada bastante privada, debía llamar al hombre que poseía dos de los diamantes porque se los di yo a cambio de su silencio cuando nos vio salir de Seúl, él no sabía el paradero de los diamantes, pero sí que los podía encontrar, siendo quién era sí podía.

-Hola – su voz sonó al otro lado del teléfono.

-Muy simpático por el regalito del diamante machacado – dije yo.

-Kai – rió un poco y yo suspiré – verás, necesito un favor y no sabía cómo contactar contigo.

-No puedo ayudarte en nada – le dije yo muy serio.

-Claro que puedes, necesito diez de los diamantes que robaste, solo diez, no es ni una sexta parte de lo que tienes.

-No – contesté yo con contundencia.

-Los necesito, o me van a matar –

-Eso es cosa tuya, tus deudas te las pagas tú y sino, te las tragas tú – escupí con rabia, no pensaba ayudarlo con sus temas personales.

-O por las buenas o por las malas, Kai – me amenazó él.

-Que te jodan, KyungSoo – colgué sin darle la oportunidad de que me dijese nada más.

Dejé el móvil en el asfalto, me crucé de piernas y apoyé la espalda en la pared. Si KyungSoo se ponía a buscar lo acabaría encontrando y estaba seguro de que no solo cogería los diez diamantes, nos dejaría secos a Jennie y a mi, no podía permitir eso, los diamantes eran nuestros, mérito nuestro y de nuestra posesión, no iba a compartirlos con nadie, ni aunque su vida pendiese de eso.

-Pareces enfadado – una suave voz sonó a mi lado y la reconocí al instante.

-Cansado – rectifiqué yo mirando a TaeMin desde abajo, él tenía el pelo blanco mojado, sus pantalones anchos y solo la toalla colgándole del cuello.

-¿Puedo? – me pidió permiso para sentarse conmigo y noté mi corazón acelerarse al momento – me gusta mirar las estrellas por la noche.

-Sí – asentí con la cabeza levemente.

Él se agachó, se sentó en el suelo delante de mí, dándome la espalda, y después se dejó caer, dejando reposar su cabeza sobre mis piernas entrelazadas y encogidas, me pareció algo extraño pero no desagradable.

Él miró al cielo estrellado y yo apoyé la cabeza en la pared para hacerlo con él. Mirar las estrellas me recordaba a cuando lo hacía con mi padre, cada domingo, antes de irnos a dormir, salíamos al balcón con un gran vaso de leche y nos tirábamos horas sentados sobre una manta, hablando, contándonos historias del firmamento, aprendiéndonos los nombres de las estrellas y bebiendo leche, así hasta que nos daban las tantas.

Yo fui un niño muy feliz, hasta que mis problemas mentales se intensificaron y dificultaban esa convivencia con mi padre, que era un padre soltero, ya que mi madre nos abandonó cuando yo tenía tan solo cinco años, aún recordaba su risa, pero me repugnaba.

-Se escucha entre los presos, que a Ten lo van a sentenciar a muerte – dije yo para cortar ese silencio y él asintió con la cabeza – que putada.

-¿A ti te da miedo la muerte? – preguntó con interés.

-No – murmuré negando con la cabeza – me da miedo vivir encerrado, morir encerrado sin haber vivido como me gustaría – dejé caer mis manos sobre sus hombros desnudos – ¿y a ti?

-Yo no sé lo que es el miedo, nunca lo he experimentado – suspiró – no sé qué se siente – se mordió el labio inferior, haciendo de ese gesto algo muy sensual y le salió sin darse cuenta.

-Mejor, es angustioso – dije yo apartando la vista de sus perfectos labios, pero la aparté hacia su cuerpo, su torso estaba lleno de arañazos, ya lo había visto alguna vez, pero nunca me había atrevido a preguntarle – ¿Qué te ha pasado?

Él se miró el pecho un poco y sonrió.

-Me araño a veces – se encogió de hombros – ya casi no lo hago, era antes.

-¿Por qué? – pasé el dedo por una de las cicatrices de su pecho con lentitud, queriéndola sentir bajo la yema de mis dedos.

-La medicina dice que es un síntoma colateral de la psicopatía y que tal vez sea cuestión de algo de esquizofrenia – sonrió con ironía – yo digo que es la única manera de sentir que estoy vivo – me miró a los ojos, alzando la vista – sentir dolor, verme sangrar.

-Hay muchas maneras de sentir dolor – susurré yo sin apartar mis ojos de los suyos, como si me acabasen de atrapar.

-No – negó levemente – igual que nunca he sentido miedo, tampoco dolor, el dolor psicológico para mí no existe.

Había muchos grados de psicopatía, él tenía el más complicado, realmente su interior era como una máquina, no sentía nada, no sufría, no quería, no se arrepentía ni tenía remordimientos de nada. Como si estuviese muerto, como si no tuviese alma alguna. Solo funcionaba su cerebro, que en su caso, estaba dotado de una gran inteligencia.

Hablamos durante unos minutos más, lo que yo consideré como una conversación agradable y después ambos nos quedamos en silencio mirando el cielo, intentando encontrar paz en nuestro interior que almenos yo lo necesitaba.

Pasados unos minutos sus ojos se cerraron y su respiración parecía mucho más calmada. Yo bajé la cabeza para mirar su perfecto rostro, de medidas prácticamente perfectas pero si duda alguna, lo que más me gustaba era la forma de sus labios, redondos, gruesos y rosados, eran perfectos.

Acerqué mi mano a su cara, quería tocarlo. Con mi dedo, aparté los mechones de pelo de su frente y después perfilé el puente de su nariz, su piel era suave, sin ninguna imperfección, como si se tratase de un puto ángel del infierno. Como si mi dedo fuese solo, se paseó por el mullido de sus labios, primero el de arriba, después el inferior y mis dedos parecieron disfrutar tanto de ese gesto que se me erizó toda la piel del cuerpo, pero aparté la mano.

-¿Por qué paras? – preguntó aún con los ojos cerrados, y yo me quedé parado sin saber que decir, porque creía que estaba dormido.

-Creo que voy a irme a la celda – le contesté por decir algo y no quedarme callado.

-Vale – murmuró él abriendo los ojos, ya sin lentillas, mostrándome sus ojos reales, que eran aún más expresivos.

No dejé de mirarlo ni un segundo, sus ojos me habían vuelto a atrapar y me sentí capaz de cualquier cosa.

-¿Me dejas hacer algo? – susurré agachando un poco la cabeza hacia él.

TaeMin solo asintió con la cabeza y yo agarré con cuidado sus mejillas, acerqué mi rostro al suyo hasta que pegué nuestros gruesos labios para besarlo, no sabía de dónde había sacado ese valor para besar a alguien como él, simplemente eran sus ojos los que me habían impulsado.

Me aparté unos centímetros de él, esperando alguna reacción de su parte. TaeMin movió su mano para ponerla en mi nuca y volver a acercarme a él, esa vez abrimos un poco más nuestros labios y atrapé su inferior entre los míos, para después alargarlo aún más, cuando nuestras lenguas entraron en acción dentro de nuestras bocas, explorándose por primera vez, con cuidado y una lentitud matadora. Yo pasé a acariciar su cuello y barbilla con una mano y con la otra en su brazo seguí besándolo, sin querer alterar el ritmo de nuestros labios.

Y se sentía bien al besar esos labios tan prohibidos y peligrosos, tenía muchas ganas de probarlos, sabían a él, sabían al puto infierno que me iba a joder la vida. Pero que bien sentaba.

-Me voy – susurré sobre sus labios y húmedos de mi saliva.

-Buenas noches – dijo él apartando su mano de mi nuca.

Levantó la cabeza de mis piernas para que me pudiese poner en pie y sin decirnos nada más yo me marché a mi celda, dónde todos dormían ya.

Pero antes de meterme en la cama, no pude evitar asomarme a la ventanita que daba al patio, dónde estaba TaeMin sentado en el suelo, mirando la torre de control y apoyando el peso de su cuerpo en sus manos, detrás de su espalda.

Él, como si supiese que yo estaba ahí asomado, giró la cabeza y me vio, entonces sonrió.

Continuara….

 

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